Trabajar con Portugal o integrar equipos portugueses con Argentina u otros países de la región suele partir de una idea bastante extendida:
“el portugués es parecido al español, con eso alcanza”.
Desde mi experiencia, esa percepción suele diluirse bastante rápido cuando la comunicación pasa del plano informal al ámbito profesional.
En DAC Learning acompaño a equipos latinoamericanos que comienzan a trabajar con Portugal y que, aun teniendo un buen manejo del idioma, se encuentran con situaciones que generan dudas o cierta incomodidad. Y no, no tiene que ver con errores gramaticales: tiene que ver con los códigos de la comunicación profesional.
Uno de los contrastes más frecuentes aparece en el uso del registro.
En muchos contextos laborales de Latinoamérica, la comunicación tiende a volverse informal con rapidez: se acortan distancias, usamos saludos más cercanos y el trato se flexibiliza incluso en etapas muy iniciales del vínculo. (Entiendo que hay excepciones, pero me permito en este texto no abordarlas).
En Portugal, en cambio, los registros formales suelen mantenerse durante más tiempo y la cercanía se construye de forma gradual, con el paso del tiempo y a partir de la confianza.
Esta diferencia se hace muy visible en la comunicación escrita. Emails demasiado directos, uso prematuro del trato informal o fórmulas que en nuestra región resultan naturales pueden percibirse, sin intención, como excesivamente coloquiales.
En las imágenes que comparto se ven ejemplos muy cotidianos en Portugal.
- Imagen 1: el uso de “Exmo. Sr. Javier”, que significa “Excelentíssimo Senhor Javier”, para dirigirse a una persona de forma individual. En español, sería impensable que una empresa de servicios dirigiera un email a un cliente de esta manera.

- Imagen 2: nuevamente aparece “Exma. Sra. Denise” en un email de un gimnasio de barrio. Un contexto cercano, sí, pero con un registro formal que se mantiene.

Estos matices influyen directamente en cómo se percibe la profesionalidad, la claridad del mensaje y el respeto hacia el interlocutor.
También, en la comunicación oral, las formas de tratamiento juegan un rol central en Portugal. Es habitual dirigirse a la otra persona utilizando su nombre precedido por un tratamiento profesional, incluso en intercambios cotidianos de trabajo. Expresiones como Sr. Engenheiro, Sra. Diretora, Doutor Pedro o Professora Maria forman parte del uso corriente y no se perciben como excesivamente formales dentro del contexto local.
En relaciones entre pares o cuando el vínculo ya está consolidado, puede utilizarse únicamente el nombre de la persona. Sin embargo, adoptar este registro cercano demasiado pronto o prescindir del tratamiento en etapas iniciales puede generar incomodidad o transmitir una familiaridad que aún no se ha construido. Son matices sutiles, pero influyen directamente en la percepción de respeto, profesionalidad y en la construcción de relaciones laborales de confianza.
Otro aspecto que surge con frecuencia es la pronunciación y la fonética del portugués europeo. Muchos profesionales comprenden bien el idioma, pero se sienten inseguros al hablar, especialmente en reuniones, lo que dificulta una participación activa y fluida. Personalmente pienso que esto no se debe a falta de conocimiento, sino a la ausencia de entrenamiento orientado a situaciones reales.
El portugués europeo se aleja lo suficiente de otras variantes como para generar confusión en el oído de un hispanohablante.
Por ejemplo, la señora que suele atenderme en la cafetería de la esquina, en estos días de frío, me dijo “Está frio hoje, não está?”, que muchas veces se escucha algo así como“Stá fri’ oje, n’ tá?”. Y sí, confieso que, aun siendo profesional de la lengua, a veces vuelvo a preguntar qué me dijeron cuando no lo capto del todo.
Algo parecido me ocurre con mi vecina: le cuento que mi gato se enfermó y ella me responde “as melhoras”, que en el portugués europeo cotidiano suena muy compacto, algo cercano a “zm’lórsh”, con una fuerte supresión de vocales átonas. Para quienes venimos del español con vocales más abiertas y claras, esta forma de hablar puede resultar difícil de identificar al principio, incluso cuando el vocabulario nos resulta familiar.
Con todo esto, y a partir de ejemplos tan cotidianos, quiero decir algo clave: aprender el idioma no es solo aprender palabras. Implica incorporar el registro, el contexto y la forma. Cuando eso sucede, la comunicación fluye con mayor naturalidad y el idioma deja de ser una fuente de tensión. Se convierte, en cambio, en una herramienta que facilita el trabajo conjunto, fortalece los vínculos y ayuda a construir relaciones sólidas y sostenibles en el tiempo.
Y te dejo algunas preguntas para seguir la conversación en los comentarios:
¿Ya tuviste la oportunidad de escuchar o conversar con alguien de Portugal?
¿Cómo fue tu experiencia?


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