🌍 Sensibilidad intercultural: un paso clave para trabajar con Portugal

Como seres sociales, nos movemos con uno o más idiomas y sus respectivas culturas.

Traemos con nosotros creencias (o la ausencia de ellas), valores, códigos implícitos y un “sentido común” construido a partir de nuestro contexto sociocultural. Ese sentido común nos parece universal… hasta que dejamos de estar en nuestro entorno habitual.

Desde que vivo en Portugal, comencé a observar algo que transformó mi manera de entender la comunicación profesional. Aquello que para mí —y para mi círculo sociocultural argentino— era obvio, natural o incluso incuestionable, no lo era necesariamente para las personas que estaba conociendo aquí.

Con el tiempo comprendí que dominar la lengua no implica haber incorporado automáticamente sus sutilezas culturales. Existen matices que no se aprenden, se comprenden en la interacción cotidiana, en el trabajo con clientes, en la observación atenta.

Recuerdo situaciones que hoy me resultan claras, pero que al principio me generaban desconcierto:

  • una amabilidad expresada con un rostro serio;
  • una negativa comunicada con extrema simpatía;
  • una formalidad que no implicaba distancia, sino respeto;
  • un silencio que no era desinterés, sino prudencia.

Cuando finalmente esas dinámicas comenzaron a parecerme naturales, noté algo aún más interesante: lo que para mí ya estaba integrado como “normal” dejaba de serlo para cualquier amigo o familiar argentino que visitaba Portugal. Volvía la sorpresa. Volvía la interpretación errónea. Volvía la suposición.

En ese momento, entendí algo esencial: la comunicación intercultural requiere que suspenda la suposición y deje de solo traducir palabras.

En entornos profesionales donde interactúan hispanohablantes y portugueses —lenguas que “parecen” cercanas— existe una tendencia a confiar demasiado en la similitud. A veces se recurre al portuñol, al inglés puente o a una mezcla improvisada que resuelve lo inmediato, pero no necesariamente construye conexión real.

Y es precisamente en esa falsa familiaridad donde surgen los malentendidos más sutiles.

  • Observar implica no suponer;
  • Preguntar implica no asumir;
  • Abrir espacio a otra lógica cultural implica no interpretar automáticamente.

Parece simple u obvio, pero en la práctica profesional, donde los tiempos son rápidos y las decisiones estratégicas, detenerse a revisar nuestras propias interpretaciones requiere consciencia.

Trabajar con Portugal —como con cualquier otro contexto cultural— exige algo más que competencia lingüística: exige sensibilidad intercultural.

Evitar la suposición no significa renunciar a la propia identidad comunicacional, significa reconocer que estamos en un espacio compartido donde dos sistemas de sentido se encuentran. Y cuando ese encuentro se gestiona con consciencia, la comunicación deja de ser un riesgo y se convierte en una ventaja competitiva.


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